De cómo ir a trabajar y no morir en el intento

¿Quién ha no ha ido alguna vez al médico y ha salido fuera de control con la actitud de alguna enfermera, médico, personal de citaciones…? ¿Quién no ha tenido una tutoría de sus hijos pensando que el profesor no tiene ni idea de hacer su trabajo? ¿Quién no ha necesitado realizar algún trámite administrativo y ha mirado con cierto recelo a la persona que le atendía en la ventanilla? Seguro que muchos de vosotr@s os veis reflejad@s en estas cuestiones.

En mi opinión, hay personas para las que el trabajo de cara al público no está entre sus fuertes ya que no tienen cualidades ni motivaciones para ello. Sin embargo, para el resto, para aquellos que trabajan por vocación y porque les gusta el trato con los demás, aunque sea difícil, para los que con el paso del tiempo han ido perdiendo la paciencia o han olvidado cómo les resultaba más sencillo dar un buen servicio, con ellas, considero que deberíamos ser algo más empáticos y saber que desde varios ámbitos incluido el de la Psicología ya hace tiempo se definió un síndrome denominado “Burnout”. Como siempre, tenemos que ponerle a todo un nombre que suene “super moderno y profesional” y si es en inglés mejor (bullying, mobbing…)…si nuestro síndrome también terminará en -ing parecería que habláramos del grupo musical Burning!!Dicho en un idioma comprensible, el Burnout (o síndrome de estar quemado) es un desgaste profesional que sufren algunos trabajadores del sector servicios (sanidad, enseñanza, administración pública, policía, servicios sociales, etc.), debido a unas condiciones de trabajo que exigen altas demandas sociales.

Es un proceso continuo que va surgiendo de forma paulatina y que se va instaurando en el individuo hasta provocar la siguiente sintomatología:

– Agotamiento emocional, disminución y pérdida de energía, fatiga, dolor, etc.

– Despersonalización, actitudes negativas hacia la tarea, insensibilidad, conductas despectivas hacia los receptores de servicio, etc.

– Falta de realización personal, sentimiento negativo hacia si mismo, baja autoestima, evaluación del propio trabajo de forma negativa, etc.

Estas características podemos a su vez clasificarlas en:

– Síntomas psicosomáticos, como fatiga crónica, dolores de cabeza, musculares y osteoarticulares, insomnio, pérdida de peso, úlceras y desórdenes gastrointestinales…

– Síntomas emocionales, como irritabilidad, ansiedad generalizada y focalizada en el trabajo, depresión, frustración, aburrimiento, distanciamiento afectivo, impaciencia, desorientación…

– Síntomas conductuales, como absentismo laboral, abuso de drogas, relaciones interpersonales distantes y frías, comportamientos de alto riesgo, tono de voz elevado, llanto inespecífico, dificultad de concentración, disminución del contacto con el público, largos períodos de baja laboral, incremento de los conflictos con los compañeros, disminución de la calidad del servicio prestado…¿Y cómo sabemos si corremos más riesgo de sufrirlo? Pues se ha determinado que algunas características de personalidad como, tener una sensibilidad emocional alta y mayor necesidad de los otros, excesiva dedicación al trabajo, gran idealismo,tendencia a la ansiedad o elevada autoexigencia, pueden llevar más fácilmente a la persona sometida a un exceso de estrés a desarrollar Burnout.Sin embargo, aunque el exceso de estrés no suele ser suficiente por sí sólo, junto a ciertos desencadenantes, puede facilitar su aparición.

Estos desencadenantes serían:
– Sobrecarga de trabajo y/o ocupación poco estimulante.
– Poca o nula participación en la toma de decisiones.
– Falta de medios para realizar la tarea.
– Excesiva burocracia.
– Pérdida de identificación con lo que se realiza.
– Baja expectativa de qué hacer para que el trabajo sea valorado.
– Percepción de que no se recibe refuerzo cuando el trabajo se desarrolla eficazmente, pero sí se puede producir castigo por hacerlo mal

Para tratar de evitar que este síndrome aparezca deberíamos centrarnos en tres tipos de prevención:

– Individual: desarrollando conductas que eliminen la fuente de estrés o neutralicen las consecuencias negativas del mismo, realizando un entrenamiento en técnicas de solución de problemas, estrategias de asertividad y otras habilidades sociales, realizando un manejo eficaz del tiempo, desconectando del trabajo fuera de la jornada laboral, practicando técnicas de relajación, tomándose pequeños descansos durante la jornada (5 ́/h.), marcándose objetivos reales y factibles de conseguir.

– Grupal: fomentando las relaciones interpersonales, fortaleciendo los vínculos sociales entre los miembros del grupo de trabajo y facilitando formación e información.

– Organizacional: desarrollando programas de Prevención de Riesgos Psicosociales, potenciando la comunicación ascendente/descendente, reestructurando y rediseñando los puestos de trabajo, estableciendo de forma precisa el sistema de roles, instaurando un sistema justo de recompensas, delimitando los estilos de dirección y liderazgo y formando mandos intermedios.

No es el objetivo de este artículo justificar situaciones injustificables…seguro que muchos de nosotros tendríamos historias para escribir un libro al respecto…sin embargo, después de leerlo, posiblemente nos haya resultado más sencillo ponernos en el lugar de estos profesionales, ya que no pocos podríamos vernos reflejados en esta situación laboral, teniendo que lidiar con jefes, compañeros, clientes, horarios, objetivos…y todo ello sin olvidarnos de la utópica conciliación familiar, tema que nos da para otro interesante artículo… Hasta la próxima!

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